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Nuevo Avivamiento

La Iglesia Presbiteriana Nuevo Avivamiento existe para reunir y desafiar hombres, mujeres, niños y niñas de toda RAZA, LENGUA y NACIÓN, a adorar a Dios y a disfrutar de una vida transformada por la fe.

NUEVO AVIVAMIENTO

Comunidad Multicultural.

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IGLESIA PRESBITERIANA

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“Un evangélico es un creyente de la rama protestante que da un lugar preeminente a la Biblia en su vida cristiana considerándola divinamente inspirada y la autoridad final en materia de fe y práctica.

Enfatiza la reconciliación con Dios a través de la obra sacrificial de Jesucristo en la cruz y afirma la obra del Espíritu Santo en la vida de un individuo para traer conversión y una continua vida de comunión con Dios y al servicio de Dios y al prójimo, incluyendo el compromiso de todos los creyentes de participar en la tarea de proclamar el evangelio a todas las personas.”

Esta definición fue tomada y modificada de la Guía de Teología Evangélica de Cambridge.

Es una iglesia evangélica de la rama protestante que se organiza con una forma particular de gobierno eclesial. La palabra “Presbítero” viene del griego y significa “Anciano.” La Iglesia Presbiteriana nació en Escocia y su marca característica es ser gobernada por presbíteros: algunos son ordenados como pastores y otros presbíteros son laicos elegidos por la congregación.

Los pastores junto con los presbíteros son la autoridad suprema en cuestiones espirituales en la iglesia local.

Sí, absolutamente. Creemos en la Santísima Trinidad, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, tal y como lo describe la Biblia. Nos consideramos seguidores de Cristo, según se nos revela en los evangelios.

Sin embargo, estamos institucionalmente separados de la Iglesia Católica Apostólica Romana desde la época de la Reforma comenzada por Martín Lutero, en 1517. Aunque estemos separados institucionalmente, nos consideramos hermanos y hermanas en Cristo.

Juan Calvino es quien sentó los principios fundamentales sobre los que se construye el presbiterianismo, pero no es necesariamente el fundador. Calvino instó a los cristianos a rechazar el gobierno piramidal de Roma y volver a una forma de gobierno que prevalecía en el primer siglo.

Luego, Juan Knox vivió en Ginebra y estudió bajo el liderazgo de Calvino. Knox fue la persona más influyente para establecer formalmente el presbiterianismo en Escocia, donde formalizó como el credo mayoritario.

Las bases de las creencias de la Iglesia Presbiteriana se encuentran en la Confesión de Fe de Westminster y sus catecismos mayor y menor, que fueron redactados a pedido del Parlamento Inglés en 1643. Los presbiterianos también adhieren a los credos de la Iglesia Cristiana anteriores a la reforma: en particular el Credo Niceno y el Credo de los Apóstoles.

La Confesión de Fe de Westminster es una base teológica que intenta organizar la teología emanada de las Sagradas Escrituras. Aunque este documento no responde todas las cuestiones teológicas de todos los tiempos, sirve como base firme sobre la cual edificar conceptos teológicos contemporáneos. La Confesión de Fe de Westminster no es un dogma ni se lo considera infalible.

Los presbiterianos creemos en la promesa de Dios de guiarnos a través del Espíritu Santo para resolver los desafíos teológicos planteados en cada generación, adoptando también ciertas interpretaciones permitidas y legítimas de la Confesión.

Los presbiterianos creemos que la salvación no puede ser obtenida por buenas obras sino que es un regalo, una gracia de Dios. Las buenas acciones son los frutos de la salvación, la evidencia de estar creciendo en la gracia y el conocimiento de Cristo.

Creemos que la salvación se encuentra sólo a través de un compromiso completo y entrega a Dios tal como se revela en Cristo. Dios perdona nuestro pecado y nos acepta, no por algún mérito humano, sino por nuestra fe en la obediencia perfecta de Cristo y su muerte de sacrificio.

El perdón, la gracia y la salvación se reciben a través de una relación personal con Dios, sin necesidad de la mediación de ministros o sacerdotes. Creemos lo que dice la Biblia: “Hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5).

Solamente dos: La Cena del Señor y el Bautismo.

Al igual que la gran mayoría de ramas protestantes, los presbiterianos creemos que Jesús instituyó sólo estos dos sacramentos para ser recibidos por todos los cristianos y que representan la muerte en la cruz y la resurrección de Cristo.

No, el sacramento del bautismo se realiza como un signo o sello santo del Pacto de Gracia, un signo externo de una regeneración interna. Aunque se recomienda ser bautizado sin demora y aunque su omisión es considerada una falta grave, el bautismo no se considera necesario para la salvación. La salvación es por fe, no por el bautismo.

No. Por el contrario, la Iglesia Presbiteriana en general no pone el énfasis en ninguna forma específica de bautismo, sino más bien en el significado del mismo.

Los principios esenciales para que un bautismo sea válido es que sea hecho con el símbolo bíblico del agua, por un ministro válidamente ordenado, y que sea hecho en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

En cuanto a la forma, se aceptan la inmersión, la aspersión y el derramamiento de agua.

Sí. El bautismo de infantes, hijos de creyentes, es una declaración de que ellos también son recibidos como miembros de la Iglesia de Cristo y están en unión a Cristo. El origen teológico del bautismo de infantes, tal como lo interpreta la mayoría de las iglesias protestantes, es la práctica de la circuncisión en el pueblo de Israel, tal como Dios lo ordenó a Abraham. Cuando estos niños llegan a la edad de discernimiento propio asumirán su compromiso con Cristo por decisión propia. Los presbiterianos no creemos que los niños que fallezcan sin ser bautizados son excluidos del reino de Dios.

No, los presbiterianos creemos que Cristo está presente espiritualmente en la Cena del Señor. No creemos que Cristo es ofrecido en sacramento al Padre repetidas veces cada vez que celebramos la Santa Cena, ni que se lleva a cabo un sacrificio real. El sacramento es una conmemoración del sacrificio de Cristo ofrecido una sola vez y para siempre, por todos los seres humanos.

Así lo explica la Confesión de Fe de Westminster: “Los que reciben dignamente este sacramento, participando exteriormente de los elementos visibles, también participan interiormente, por la fe, de una manera real y verdadera aunque no carnal ni corporal, sino alimentándose espiritualmente de Cristo crucificado y recibiendo todos los beneficios de su muerte. El cuerpo y la sangre de Cristo no están entonces ni carnal ni corporalmente dentro, con o bajo el pan y el vino; sin embargo, están real pero espiritualmente presentes.”

Sí, así como todas las doctrinas enseñadas claramente en la Biblia.

El Nuevo Testamento enseña sobre las severas consecuencias que trae el pecado sobre los seres humanos, siendo la separación de Dios la más trágica. Sin embargo, la existencia del infierno no implica la noción de un Dios que envía allí a los condenados, sino que por la presencia del pecado en el mundo, el ser humano se condena a sí mismo rechazando a Dios y eligiendo estar lejos de Él.

Creemos que el carácter de Dios es justamente al revés, que envió a su Hijo Jesucristo a morir en la cruz para salver de la condenación eterna a todos los que creen en Él.

Creemos firmemente que la muerte física no es el final o la frustración de la vida sino la apertura de una puerta hacia una existencia espiritual nueva y eterna tal como se la describe en el Apocalipsis, con felicidad sin fin.

Sí, aunque coexisten distintas posturas. En líneas generales, se acepta que así como Jesucristo resucitó corporalmente, así ocurrirá con los cristianos.

Primeramente, los presbiterianos creemos en la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, tal como lo relatan los evangelios. El cuerpo de nuestro Señor no conoció corrupción, sino que fue transformado a un cuerpo espiritual.

El Apóstol Pablo deja claro que el cuerpo del resto de los seres humanos es corrompido, pero será transformado a un cuerpo espiritual en la resurrección. “Se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual. Si hay un cuerpo natural, también hay un cuerpo espiritual (1 Corintios 15:44).

Sí, los presbiterianos creemos que la entrada de Jesús a este mundo se dio a través del nacimiento milagroso tal como lo relatan los evangelios. Esta doctrina también queda clara en el Credo de los Apóstoles y la Confesión de Fe de Westminster, y es la base de la doctrina de la encarnación, por la cual se declara que Dios se hizo carne y devino hombre en Cristo Jesús.

Los presbiterianos reconocemos a María como la madre de Jesús y una mujer usada extraordinariamente por Dios tal como lo relatan los evangelios.

Sin embargo, no adherimos a las tradiciones marianas que han crecido a lo largo de siglos posteriores al tiempo del Nuevo Testamento y que no se encuentran respaldadas en la Biblia, tal como la Inmaculada Concepción y la Asunción de María.

Sí, Esta creencia es esencial a la doctrina presbiteriana que enseña que Jesucristo, el eterno Hijo de Dios se hizo hombre por nosotros y para nuestra salvación.

Por tanto, él es verdadero Dios y verdadero hombre al mismo tiempo, sin distinción de sustancias.

Sí, definitivamente. La iglesia presbiteriana sostiene el entendimiento bíblico de Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Sin embargo, esa distinción no implica una separación de tres individuos (Triteismo). Si bien la doctrina de la Trinidad no tiene una explicación humana lógica, la misma es un intento de compatibilizar las declaraciones de la Biblia que declaran la unicidad de Dios tanto como la Divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Los presbiterianos creemos que el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento son la Palabra de Dios y la única regla de fe y práctica para el cristiano.

Creemos en la inspiración de las Escrituras: Dios se reveló a través de hombres influyendo en su mente y su corazón, sin excluir su humanidad en el acto de escribir.

Para los presbiterianos, la Biblia es la fuente de toda doctrina que es luego interpretada y explicada en la Confesión de Fe de Westminster y plasmada en los credos. Sin embargo, estos y otros documentos no reciben el carácter de inspirados por Dios ni infalibles.

No en el mismo sentido que otras tradiciones cristianas. Bajo la doctrina del “sacerdocio de todos los creyentes,” los presbiterianos confiesan sus faltas directamente a Dios, sin un intermediario humano.

Sin embargo, la Biblia y la experiencia nos sugiere que la confesión puede ser más profunda y provechosa cuando se hace a Dios en presencia de un pastor o un cristiano maduro que pueda acompañar el acto.

La confesión es voluntaria, nunca obligatoria. Y el destinatario siempre es Dios, sea cual fuera la circunstancia.

La Iglesia Presbiteriana se identifica por su teología reformada y su forma de gobierno representativa, pero no limita las formas de liturgia que una congregación debe seguir.

Cada congregación local puede optar la forma de adoración que mejor se adapte a su contexto, siempre que sea basada en la Biblia y con el propósito de honrar reverentemente al Dios Trino.

El sistema presbiteriano de gobierno es en sí mismo una democracia representativa. Los miembros de las congregaciones gobiernan su iglesia a través de representantes elegidos. Los miembros laicos tienen un rol prominente en la iglesia presbiteriana.

En todas las cortes, los votos de ministros ordenados es igual que los de presbíteros laicos, y éstos pueden ocupar los máximos cargos en la institución. La jerarquía eclesiástica es dinámica, rotando entre sus miembros evitando así la concentración de poder y responsabilidad sobre una sola persona.

Todas las cortes rehúsan el poder unipersonal y se pregona el trabajo en equipo incluyendo siempre tanto ministros ordenados como presbíteros laicos.

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